Mateo Alonso y yo… Testimonio de Maggi

El 27 de enero de 2015 mi vida cambió para siempre. Ese día concebí, sin buscarlo sin esperarlo a mi tercer hijo después de 10 años.

Siempre supe que estaba embarazada, y lo asumí con madurez y con la responsabilidad que no tuve cuando lo concebí.

De dudar un par de semanas respecto a qué haría con un hijo que no esperaba y sin una pareja estable, pase a sentir un amor inexplicable…el amor de mamá y comencé a hacer castillos en el aire con mi hijo o hija…

Médicamente nunca tuve un problema, excepto contracciones por lo cual debí hacer reposo y usar óvulos. Mis exámenes estaban en orden y mis ecografías también, por lo cual comencé a preparar lo que seria su espacio…Tres días me demoré en hacer un mural en su dormitorio, un mural que plasmaba mi amor, mi ilusión y un sinfín de sentimientos que sólo una mamá puede sentir.

Un día viernes de junio, cenando con un amigo sentí una contracción dolorosa, muy dolorosa y posterior a ella un relajo en mi vientre… En lo más profundo de mi supe que mi hijo había muerto, pero mi subconsciente no quiso admitirlo y seguí mi vida ese fin de semana sin pensar en lo que íntimamente sabía. Hasta que el lunes en la mañana decidí dejar de engañarme e ir al consultorio de Malloa, sexta región. Aquí me confirman que mi hijo no tenía latidos y me derivan al hospital de Rengo, en donde en primera instancia confirman que mi hijo no tenia latidos y con una ecografía mi mundo termina de desmoronarse…mi hijo había muerto y en ese momento morí también.

Lo que venía era terrible, humillante, indigno e inhumano, debía esperar una semana con mi hijo muerto en mi vientre para esperar una expulsión natural. Y me fui a mi casa, intenté tranquilizarme pero al llegar la noche la angustia me invadió y comprendí que NO sería capaz de dormir un sólo día con mi hijo muerto dentro de mi y volví al hospital a exigir una solución inmediata a lo cual accedieron después de varios intentos.

Me administraron misotrol misopostrol pero aun así mi hijo no salía… Mi desesperación fue incrementándose cuando me di cuenta que estaba rodeada de mamás que en cualquier momento darían a luz mientras mi mundo completo era oscuridad por lo cual , medicada con misotrol y clonazepam pedí mi alta voluntaria y me traslade al hospital de Rancagua donde me ocurrió lo mismo, a esa altura llevaba dos días sin dormir, y pedí nuevamente mi alta voluntaria pues si algo tenia claro es que no quería vivir la inhumanidad de oír el llanto de un bebé nacer mientras en mi solo había tristeza. Con un nuevo papel de alta en mis manos me fui a Santiago a la casa de un amigo con la idea de ir al hospital San Juan de Dios  pero el cansancio después de a esas alturas llevar 3 días sin dormir me ganó y entre sueño y “relajo” sentí dolor, me levanté al baño corriendo y mi hijo del cual aún no sabía el sexo nació. Era un hombre, Mateo Alonso… Fue un momento extraño, corté su cordón, lo bañé, separé su cuerpo de la placenta y en una manta fui a un hospital donde no me recibieron por lo irregular del parto y donde me recomendaron volver al hospital de origen, o sea, Rengo. En mi desesperación decidí ir donde mi mejor amiga que había tenido a su hijo hacía poco y le pedí ropa, mi hijo estaba en una cajita de zapatos, y yo necesitaba darle dignidad y con la ropa que ella me dio, con un gran amigo emprendimos el viaje de vuelta de Santiago a la sexta región. Fueron dos horas en que abracé, bese y vestí a mi hijo. No tenía tijeras para cortar la ropa y acomodarla a su tamaño pequeñito, utilicé mis dientes y le hice su ropita que incluía un gorrito.

Llego al hospital con mi hijo y los médicos atónitos me preguntaban que había pasado, y sólo respondí “no estaba dispuesta a vivir la inhumanidad de tener a mi hijo entre llantos de recién nacidos mientras en mi mundo solo hay dolor”. Sin decir una palabra procedieron a hacerme el legrado, se llevaron a mi hijo y yo dormí.

Aquí viene la segunda parte de el trato indigno que sumado a la inmensa pena debemos vivir, y es que después de mi alta no querían entregarme el cuerpecito de mi hijo por no tener mas de cinco meses o pesar mas de 500 gramos….yo estaba dormida, casi en coma de pena, mi madre debió rogar incluso al alcalde de mi comuna para que intercediera en la entrega de mi hijo…. Y mi madre lo logró. Para cerrar este difícil proceso pude darle sepultura y dignidad a mi hijo, pero esto que yo viví tengo muy claro que es una excepción. Por eso quiero unirme a esta lucha, para que este sistema de salud se humanice y otorgue autonomía a nosotras como madres para decidir que hacer con nuestros hijos porque mi hijo merecía todo lo que le di y lo que mi madre consiguió por mí mientras yo intentaba despertar de mi pesadilla y esta realidad, es la que todos los niños que nacen dormiditos merecen.

Hoy que han pasado 5 meses espero a mi niña arcoiris a mi Amalia Esperanza… Un abrazo fraternal a todas las mamás que han vivido la partida temprana de un hijo.

Testimonio de Maggi Gaete.

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