Mi maternidad bajo una sombra

Mi nombre es Diana. A principios de diciembre de 2013, empecé a tener dolor abdominal, vómitos y cansancio extremo, fui al consultorio de mi comuna (Pedro Aguirre Cerda) donde me dijeron que era gastritis y me dieron remedios, pero pasaron los días y no mejoraba. Me asusté, fui a urgencias y me dijeron que era una úlcera, me dieron un medicamento para revestir el estómago, me tomaron radiografías y así estuve 20 días sin diagnóstico claro, el 30 de diciembre del 2013 ya no aguantaba más y mi pareja me llevó a urgencias de nuevo, los médicos no sabían qué tenía hasta que uno de ellos me mandó a hacer un examen de medio de contraste, esperamos como se suele esperar en un hospital público (el Barros Luco), allí a las 11 de la noche del 30 de diciembre, un doctor detectó “un bulto” y deciden mandarme a maternidad con el fin de descartar un tumor o un embarazo.

En la maternidad me confirmaron el embarazo, tenia 8 semanas, me retiraron el medicamento vía venosa que era para el dolor, y me mandaron a la casa con órdenes de ir al consultorio para comenzar con los controles correspondientes. La noticia del embarazo me tomó por sorpresa, tenía 20 años y muchas heridas que sanar, mi vida había sido muy difícil y no quería eso para mi hijo, no sabía como enfrentar a mi familia y pensé en algún minuto ceder a mi hijo en adopción. En ese tiempo trabajaba como cajera en el Metro, el hospital como sólo me vio en la urgencia no me dio licencia, me dijeron que fuera a un médico particular para justificar los 20 días que falté, pero el médico particular me dijo que no podía darme licencia por días que no me atendió.

Llegué donde la matrona del consultorio para hacer el ingreso al programa maternal, allí se me preguntó si tenía antecedentes de alguna enfermedad que pudiera causar problemas en el embarazo y le comenté que tengo frecuentes problemas de infección urinaria y que incluso había estado hospitalizada por pielonefritis en el infeccioso del Hospital Barros Luco. Sólo me mandó a retirar el anticonceptivo Implanon ya que unos días antes de saber que estaba embarazada me lo había instalado sin realizar examen de embarazo, cuando fui al hospital para el retiro del Implanon pregunté otra vez sobre las infecciones y me dijeron que cualquier cosa grave la matrona de mi consultorio me derivaría al servicio del programa de embarazo de alto riesgo. Jamás me derivó, nunca tuve controles en el hospital, sólo en el consultorio. A veces me sentía muy mal, avisaba a la matrona que me sentía con síntomas de infección urinaria, pero no me mandaron a hacer exámenes porque según ellos todo era normal.

No dejaron entrar a mi pareja y la puerta estaba abierta, allí pasaban las mujeres que iban a dar a luz , yo podía ver el cuerpo de la niña de al lado y ella podía ver mi cuerpo, mi pareja por la ventana me puso música para tratar de calmarme cosa que no ocurría, no lo dejaban entrar, los médicos solo venían a ver si bajaba el bebé, estuve así hasta el día siguiente, el 5 de abril a las tres de la tarde entre vómitos y diarrea tuve a mi hijo sola, y sin asistencia médica en una camilla. La niña de al lado llamó a la doctora y yo tenía a mi hijo apoyado en mis brazos muerto, mi pareja entró a golpes y pudo verlo, fueron los únicos tres minutos que estuvimos juntos los tres.
Pregunté cómo podía sacar a mi bebé para darle sepultura, me dijeron que no me lo entregarían porque pesaba menos de 500 gramos y que debía ser enviado como material para estudios, que yo debía entregarlo para poder saber qué había pasado, me largué a llorar mientras me llevaban a sala de raspaje, recién ahí me colocaron anestesia. Desperté en sala de recuperación donde había una mamá con su bebé recién nacido, luego me llevaron a ginecología donde los médicos con estudiantes de medicina pasaban,se detuvieron delante de mi y señalaban “la paciente tuvo un aborto intrauterino” sin preguntarme cómo estaba, sólo lloraba, pedí la atención de un psicólogo que jamás llegó.

Mientras estaba hospitalizada mi madre fue a suplicar que nos dieran al niño, adentro yo rogaba porque me dejaran sacarlo de allí, me repetían que no era posible, tuvimos que hablar con el director del hospital quien finalmente nos dio un permiso especial. Cuando lo fui a retirar estaba en un frasco, ya no era el mismo, como lo consideraron “muestra” le hicieron una biopsia, tenía su cara hundida ya no era mi niño, pero pudimos llevarlo a casa, velarlo, darle sepultura. No colocaron su nombre en la lápida y vi mi nombre escrito durante 7 meses “Hijo de Diana Contreras Cifuentes” mi abuela después de esos meses y mucha insistencia logró que colocaran el nombre de mi hijo “Gabriel Antonio Durán Contreras”, sólo en la tumba porque en el certificado de defunción aún sale como “NN” y mi apellido.

Después del funeral de mi hijo me despidieron de mi trabajo por los 20 días que pasé sin diagnóstico médico, al morir mi hijo ya no había fuero maternal que me protegiera. Sentí que nadie me entendía, me sentí mal, lloraba todos los días, mis pechos tenían leche y en el hospital no me la cortaron, en el consultorio me dieron una receta que debía comprar. Fui a buscar ayuda en la inspección del trabajo, pero mi maternidad no es reconocida, al perder a mi hijo perdí mi trabajo y para muchos no tenía derecho a sufrir su pérdida porque mi hijo nació muerto, pero ese es mi mayor dolor, el que su vida no la pude ver, la sentí dentro de mí y será parte de mi vida para siempre, me duele no haberlo visto salir de mi vientre con vida.

Con el tiempo me di cuenta de que mucho de lo que viví pudo haberse evitado, que en clínicas privadas sí pueden operarse de cesárea, de ser necesario, cuando el bebé viene muerto y no es considerado aborto, que no se me respetó mi derecho a privacidad, a recibir información como paciente, ni se me dio un trato digno junto con mi hijo. Desde este año estudio Técnico en Enfermería, mi mayor sueño y promesa a Gabriel, mi hijo, es poder cambiar el trato y la mirada que se le da a la mujer que pierde su hijo, a reconocer la maternidad de la madre en duelo, poder mejorar la atención. Sé que nada ni nadie me lo devolverá, pero si puedo hacer algo por un trato digno para niños como mi hijo y para que otras mamás no pasen por lo mismo que yo, lo haré.

Testimonio de Diana Contreras.

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